domingo, julio 27, 2008

Reflexiones sobre el arte de la crítica, el oficio del montaje cinematográfico... y las quinielas

La siguiente reflexión la dejé botada en un post del blog Blogacine, en un artículo en el que un comentarista venezolano que allí participa escribió unas opiniones que descalifican a unas personas y sus trabajos, y por ello obtuvo un justo y respetuoso comentario de reproche por parte del dueño del espacio... que fue rebatido por el comentarista...

"Creo que una de las cosas que podemos rescatar de un maestro de la crítica, como lo fue el fabuloso escritor Oscar Wilde, es que si al criticar, perdemos el sentido del humor, expresado en el cinismo de mayor agudeza e ingenio del que se disponga…irremediablemente echamos a perder el juego de la crítica. Por otro lado, un cínico extremado es insoportable …

Un crítico pierde legitimidad si al pretender de manera obstinada demostrar con argumentos la banalidad de un acontecimiento, utiliza recursos banales en su discurso -Y esto es como aquel mensaje de “infinito reintento en pausa”, que me decía aquel vetusto terminal de computadora en el que inutilmente intentaron enseñarme lenguaje “Basic” en mis clases de computación de bachillerato- y si persiste en su afán, irremediablemente hundirá su arte crítico en el gris y lamentable fondo del aburrimiento.

Sin embargo, hoy en día la banalidad es un término en exceso subjetivo. Y esto lo demuestra mi propia referencia a un suceso de mi pasado bachillerato. Porque ese suceso que para mi representa una clara referencia Zen expresada urgente y accidentalmente por un atribulado terminal de computadora… para cualquier lector paciente de este monólogo interminable puede que no signifique más que otra pendejada de Jodremán… sin darle mayor importancia… Así es a vida, las mejores cosas pasan en el interior de nuestro cráneo, y el chiste de esto está en sacarlas con estilo para mostrarlas a los demás.

Y aplicando este relativismo trasnochado al concepto de la crítica cómo arte. Creo que para comprender el fondo de esta idea, podemos hacer un ejercicio de comparar en nuestro ámbito el oficio del crítico con el del montador cinematográfico:

1.- Si bien es cierto que sin la crítica , la obra cinematográfica corre el riesgo de pasar desapercibida… también es cierto que una crítica frívola e insensible puede mandar una película a la mierda. De igual modo… Un excelente montaje es aquel que pasa totalmente desapercibido -según mi maestro de montaje, el viejo José Garrido †- y un mal montaje también puede mandar una película a la mierda.

2.- Los Directores odian a los críticos cuando rebanan sus obras… tanto como odian a los montadores cuando rebanan sus obras en la sala de montaje. Esto nos lleva a pensar que el oficio de crítico y el de montador, si se ejerce como debe ser, implican de algún modo ser una especie en extinción. Al final de las cuentas… solo se mantendrán activos aquellos críticos o montadores que no sean tan agrios para sus directores o productores…

Se me ocurren otras cosas graciosas con las que se puede comparar el oficio del montador con del de criticador… sin embargo, con el ánimo de no extender este modesto comentario hasta el límite del aguante de los lectores, concluiré momentáneamente que lo mejor que puede hacer un crítico en vez de criticar… es dedicarse por un tiempo determinado al oficio del montaje cinematográfico. Es decir, dedicarse al arte de la crítica a sus anchas y un con una sistematización del procedimiento basada en el más puro lenguaje cinematográfico con la comodidad -tal vez despreciado por el Ego del crítico- del anonimato, protegido por el secreto profesional de una sala de edición. Por otro lado, si el crítico es fiel a sus principios, lo más interesante será entonces realizar una quiniela, para ver cuanto tiempo sobrevive...."



Los invitamos a seguir la secuiencia de este diálogo, qe tal vez nos permita comprender el factor humano implicado en la refexión que en Venezuela se hace sobre el cine ...

...humano, demasiado humano.